Telecinco ha iniciado una campaña para fomentar la cultura. ¿Adivinan cómo? Promoviendo el
Bookcrossing, fenómeno consistente en intercambiar libros entre usuarios, que los esconden en un lugar, avisan de su ubicación en la web, y así los libros se van turnando. Dicho de otro modo, préstamo de libros usuario a usuario o, como dirían los ingleses,
peer to peer. Meses atrás, la misma Telecinco lanzaba otra campaña contra la piratería, donde salía el típico piratilla bajándose cosas en un PC que era tratado como un sucio asesino. No es que los mass media desborden rigor informativo, a las
pruebas me remito, pero lo cierto es que esta contradicción tan aparentemente aplastante está generalizada en nuestra sociedad.
El Bookcrossing, que no es más que una versión de eMule un tanto más rudimentaria, goza del apoyo de los medios como una iniciativa curiosa e ingeniosa, mientras que el intercambio de ficheros por la red es, gracias a la SGAE, el Anticristo. Ambos comparten filosofía de ser: intercambio sin ánimo de lucro de obras entre usuarios anónimos, con el fin de promover la cultura, y permitido el acceso a la ciudadanía a obras intelectuales a las que de otro modo probablemente no podría acceder. Las consecuencias, las mismas, posible conflicto con los derechos de autor y aparente "piratería". ¿Por qué ambas son tratadas de diferente manera? Sinceramente no lo sé, tan legal es la una como la otra, aunque el poder de las sociedades de gestión de los derechos de autor es a día de hoy inaplacable. Tampoco hay que olvidar ese sentimiento generalizado y a la vez absurdo por el que un libro es más cultura que un disco de música o un videojuego. Pero, ¿qué pasaría si mañana Telecinco decidiera repartir por España el top 10 de los CD más vendidos animando a los usuarios a que se los fueran pasando?