30 años ha tardado
Apple en darse cuenta que su principal línea de negocio era una fracaso (a lo mejor, sin el iPod, ni hubieran tenido tiempo para darse cuenta). En su trigésimo aniversario, la compañía de Steve Jobs ha tomado una decisión radical: "dejar de lado" a ese escasísimo porcentaje de sus usuarios para ir a saco a por el 95% del mercado. Ningún fan de Apple, de esos que adoran a la manzana a la más mínima, tendría que seguir alabando a esta empresa, porque en tres meses ha hecho todo lo que durante treinta años no se ha cansado de repetir que nunca haría: primero,
procesadores Intel; segundo,
Windows en un Mac; tercero,
OS X en cualquier PC. El anticristo, vamos.
Aunque todavía es pronto para dar el salto a Mac (yo ya me lo estoy planteando), dentro de unos meses, cuando salgan nuevos Mac Intel que puedan corregir los errores de los primeros "conejillos de indias" y Apple y las demás compañías perfeccionen la compatibilidad del hardware con Windows (y se sepa que pasa con Vista...), la combinación puede ser una apuesta ganadora de primer nivel.
El asunto
apasiona a
Enrique Dans que le ha dedicado
varios temas en estos últimos días, no es para menos. Ordenadores bonitos, potentes, en un sistema operativo de alcance, un sueño hecho realidad. Sin embargo es un error considerar que durante estos treinta años la sociedad no ha dado el salto a Mac por "miedo de ser diferentes" (sic). También lo es considerar que con esta estrategia, los usuarios más reacios probarán OS X y nunca volverán a Windows, porque esto no es un anuncio de compresas.
Sea como fuere, el 99% del software que se diseña a día de hoy es para Windows y, de momento, no tiene ningún síntoma de dejar de ser así. La gente no tiene miedo a lo diferente, lo único que quiere es poder usar sus programas, jugar a sus juegos y hacer todas esas cosas que puede hacer con su PC Windows y que con OS X no puede. La diferencia no es el aislamiento. Las adaptaciones de software para este sistema operativo son más bien escasas y los juegos que se publican prácticamente nulos además de difíciles de adquirir tanto legal como "menos" legalmente. Y la culpa de esto no la tiene, ni mucho menos, los sufridos usuarios. Llegará el día en el que todos tengamos un Mac Intel, arrancaremos OS X, veremos lo bonito, rápido y estable que es, para acto seguidor arrancar Widows y jugar al último juego que nos hemos bajado del BitTorrent o utilizar nuestras aplicaciones favoritas.